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Regreso a la ciudad…El cambio entre 15 bajo cero, rodeado de cumbres nevadas a un caos vehicular y 40 grados de temperatura, bocinas, olor a nafta y ruidos en menos de 12 horas es algo que no supero fácilmente. Los clientes se quejan que el aire acondicionado no enfría lo suficiente, y desde hace tres horas (desde que llegamos al asfalto) piden que por favor les ayude a cambiar los tickets aéreos para regresar antes a sus países y olvidarse de montañas, suciedad, comida envasada y botas de cuero. La experiencia del montañismo esta completa, ahora a deben disfrutar de otro viaje publicado en el catalogo de alguna empresa de turismo alternativo, paracaidismo, buceo, o viaje en velero, no importa. Mis ojos ven sin mirar, a un punto fijo, fuera de la ventanilla de la camioneta, y me refugio en un pensamiento lejano…. En estos años como guía, disfruté del aroma de los rododendros en Nepal, Edelweiss en los Alpes, apartado rebaños de ovejas en España al salir de un barranco, saboreado cuzcos de Marruecos, los cantos de Bolivia, la Zamba de Brasil, y las siestas en MachuPichu. He llorado con clientes en muchas cumbres, y visto atardeceres desde lugares que muy pocos llegarán a ver y sin embargo, todo eso no puede cambiar el asco que tengo hoy de darme cuenta que me he vuelto parte de este sistema. Aquí estoy llegando a Mendoza, luego de mi expedición número 58 a la cumbre del Aconcagua. Hice cumbre con la mayoría de mis clientes, así que no hay quejas, pero aun así. No quiero cenas de despedida, no quiero propinas, ni regalo. Nada! Simplemente, esta gente no vale un minuto de mi vida fuera de las obligaciones profesionales.
El montañismo como filosofía de vida ha muerto aplastado por una maquinaria de producción turística, en donde “El objetivo es el destino final, y no el camino en si” Y separados por un par de montañas está Carla, cargando un sueño que ya lleva 25 años, con toda su energía, y curiosidad, pero ninguna idea de por lo que tendrá que pasar. Esa pureza e ingenuidad que me transmitió al conocerla, fue lo que motivo que decidiera proponer guiarla hasta el lugar que cambio su vida. Ningún dinero de por medio, lo único que quiero es que este momento sea único e irrepetible, y demostrar que siempre, aun en las peores condiciones, siempre hay un lugar para los cazadores de sueños. Ella cuenta con una determinación inquebrantable para ver el paisaje que los ojos de su padre registraron cuando durante esos últimos solitarios y helados momentos, la vida se le escapaba en uno de los lugares mas aislados y desérticos del planeta. Yo cuento con mucho menos, solo persigo la ilusión de alcanzar a recuperar el espíritu salvaje y soñador que perdí al haber puesto un precio llamado sueldo a mis convicciones como guía. Tal vez llegando allí, ese momento trunco de su vida, llegue a encontrar un punto de conexión con este presente que vivimos, y tal vez si yo la guío, encuentre el rumbo que perdí en este torbellino de cumbres comerciales, egos y total falta de amor por el deporte que me dio vida, ayudo a construir mi futuro, y que espero deje un ejemplo de vida con que mis nietos puedan guiarse cuando los momentos malos los alcancen.
Esta historia es parte de mi búsqueda personal, y de cómo cuando uno esta atento, se presentan oportunidades para volver a creer. Esta Es una historia de esperanza, de deseo de superación, y determinación. La determinación de reencontrar el espíritu original de las cosas que nos han hecho como somos. Angel Armesto
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